miércoles 14 de enero de 2009

Científico de la palabra y astrofísicos de la imagen en LeCool

martes 13 de enero de 2009

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Fotos volumen # uno





domingo 4 de enero de 2009

La tarde que compré La vida sexual de Catherine M. 22 átomos pornográficos ilustrados


Capítulo III
Miscelánea para una puta
(ilustración: Mr. Hierro)

Ayer se la chupaste a Cabaret Voltaire, Olivier Assayas, Hugo Claus y John Lydon. Te mordieron los pezones Jean Echenoz, Gisèle Vienne, Codeine y José María Sicilia. Te dieron por el culo Lawrence Weiner, Catherine Deneuve, Cavafis y Xiu Xiu. Te comieron el coño Elfriede Jelinek, Mars, Anselm Kiefer y Leos Carax. Te follaste a David Tibet, Marguerite Duras, Arielle Dombasle y Lucio Muñoz. Besaste con lengua hábil a Sabres of Paradise, Jean Lorrain, Lev Ivanovich Yashin y Emmanuèle Bernheim. Hoy sigues declinando tu soledad. Vagando en la oscuridad compasiva de las barras de baile con olor a ginebra. Arrastrando deseos ajenos a la cama de nadie que recuerdas y no conoces. Enterrándote en sábanas de paso al final de la noche con sombras solventes antes de bajar en otro ascensor del amanecer con tus gafas Prada y tu bolso Louis Vuitton.



Capítulo XI
Sopor (Caen 2008)
(ilustración: Dani Melo)

Aquella camarera venezolana decoró nuestra noche lóbrega. Tú leías Les Inrockuptibles y ella hablaba de Primal Scream y servía copas y hablaba de lo bien que quedaban las botellas de cachaça Ypióca recicladas en floreros y de las arepas de queso guayabés, y servía copas y hablaba de su no-novio y de su no-marido y de esta ciudad francesa que parece inglesa y de Huelepegas y de Chávez. Y hablaba del tiempo de Normandía y de otras cosas mientras...

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P.V.P: 15 Euros

Te corres. Yo no

Me gusta la obra de Josep Roca y me gusta la idea de que mi nombre aparezca en un libro donde también figura el de David Tibet. También me gusta esa máxima, de Schopenhauer creo que es, que viene a decir que la vida puede entenderse como un proceso de decepción. Aun a riesgo de quedar como un rarito abriendo un volumen como este con una declaración tan escasamente festiva, diré que en lo esencial la suscribo y que, conforme van pasando los años, me voy reafirmando en que uno de los mecanismos más efectivos que intervienen en dicho proceso, si no el más efectivo de todos, es la reiteración. Y si las propias experiencias por las que transitamos van perdiendo con el tiempo el brillo y la capacidad para conmovernos y sacarnos de los nichos en los que nos vamos metiendo de a poquito, las historias que consumimos como lectores a la larga desgastan y agotan. Todas ellas, lo saben ustedes tan bien como yo, están ya contadas mil veces, y tras la pérdida de la inocencia lo único que nos queda en nuestro deambular por las páginas impresas es rezar mucho para que se dé ese momento improbable en el cual el autor consigue que aquello que tenemos ya visto y revisto se nos aparezca de pronto como bello y fulgurante, como nuevo y por lo tanto merecedor de nuestro tiempo y de nuestra atención. No es algo que suceda a menudo, y si hay un género literario poco fértil para que se dé dicha circunstancia, ese es el género erótico. Tal vez por eso, a pesar de que soy consumidor impenitente de pornografía audiovisual, debo confesar que, como aficionado a la lectura, la obra de aquellos que hurgan en los sexos con palabras tiende a no motivarme demasiado. (Por no mencionar el hecho de que, en las contadas ocasiones en las que una escena narrada consigue ponerme las pilas, termino siempre por echar mano del paquete de clínex y, una vez me he aliviado, suelo constatar con horror que he perdido todo interés en el libro, pero eso ya son cosas mías.)
No obstante el trabajo de Josep Roca en el ámbito de la pornografía me ha resultado siempre de lo más estimulante. En primer lugar porque, como escritor de raza que es, Roca entiende que las obras de largo metraje son, en la inmensa mayoría de ocasiones, producto de la impericia del autor para resolver las cuestiones que le ocupan de manera concisa y elegante. Por otra parte, porque aunque en los relatos del autor que nos ocupa está muy presente la celebración de la carne, hay distancia y hay cinismo y hay humor. En ellos se transparenta que el tipo ha vivido y que, por tanto, pese a que mantiene intacta la capacidad de fantasear, es al mismo tiempo consciente de las aristas que presenta la realidad, de lo que hay, en fin. Luego está la precisión de Roca en el manejo de la sintaxis, su capacidad para ceñirse a lo esencial. El control férreo que ejerce sobre el tono, la gradación de sus registros y los claroscuros entre ellos, todo ello termina en la práctica provocando que su prosa, al margen del género en el que quiera englobarse, adquiera a menudo tintes poéticos.
Pero por encima de todo, Roca me interesa y mucho porque siempre trabaja como un explorador de su medio. En cada uno de estos textos, ya lo verán, queda patente la voluntad de abordar el architrillado universo de las pollas y los coños desde una óptica innovadora, que por otro lado nunca deriva en experimentación pelmaza.
Dicho esto me resultaría muy extraño que no dieran ustedes en el transcurso de los veintidós átomos que integran este tomito con alguno de esos insólitos momentos en los que el mecanismo de decepción queda momentáneamente en suspenso y, como por arte de magia, lo mil veces leído se nos antoja de pronto único y fascinante. Yo me he topado con varios de ellos, lo cual tiene el mérito añadido de que el género erótico no es santo de mi devoción. Pero ese es, como digo, mi problema, y Roca y los ilustradores que engalanan este libro se lo ponen fácil para que se lleven más de una alegría. A fin de cuentas, aunque estos átomos son literatura lúcida y con voluntad innovadora, todos ellos giran en torno a ese impulso animal que tal vez sea fuente de no pocas decepciones, pero que por otra parte y por mucho que se reitere, a la hora de la verdad sigue proporcionándonos más satisfacciones que todos los libros del mundo.

Sergi Puertas, septiembre de 2008

sábado 6 de diciembre de 2008

Presentación 1er volumen

viernes 21 de noviembre de 2008

El porqué de Tintas Alternativas

Porque no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Porque la necesidad de ser correcto es la muestra de una mente vulgar. Porque, como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad. Porque el afortunado hallazgo de un solo libro puede cambiar el destino de un hombre. Porque es el buen gusto, y solamente el buen gusto, lo que tiene el poder de esterilizar y es siempre el principal impedimento para la creatividad. Porque en la sensación se toma lo que llega y en el sentimiento se interviene. Porque los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino. Porque el arte no es un espejo para reflejar la realidad sino un martillo para darle forma. Porque la mejor manera de gastar el tiempo es consumirlo. Porque la inteligencia y el sentido común se abren paso con pocos artificios. Porque sin arte la vida sería un error. Porque el mundo sólo gira por confusión. Porque el sueño de la razón produce monstruos. Porque pinto la cosas como las pienso, no como las veo. Porque las tonterías dejan de ser tontas cuando las hace gente sensible de forma insolente. Porque la vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia delante. Porque todo el mundo existe para acabar en un libro.

Gracias, por orden de aparición, a: Oscar Wilde, Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Marcel Duchamp, Salvador Dalí, Antonin Artaud, Emile Cioran, Bertolt Brecht, Marguerite Duras, Johann Wolfgang Goethe, Friedrich Nietzsche, Charles Baudelaire, Francisco de Goya, Pablo Picasso, Jane Austen, Søren Kierkegaard y Stéphane Mallarmé.